lunes, 29 de marzo de 2010

Ganar una época

Aunque mi blog es deportivo por excelencia, hoy comento sobre el Congreso de la UJC que casi finaliza

Lejos de comenzar o acontecer el fin de semana próximo, las sesiones del IX Congreso de la UJC están finalizando. Y en el epílogo, una valiosa representación de su militancia buscará sintetizar los ardientes y reveladores debates que juntaron a miles de jóvenes durante los últimos meses, como prueba de que la organización puede mantener su vitalidad en los nuevos tiempos de la nación.
Las discusiones, previstas para el Palacio de Convenciones de La Habana, los días 3 y 4 de abril próximo, despiertan lógicas expectativas tras un proceso orgánico que se sumergió intensamente en los conflictos y retos de nuestra sociedad, las nuevas generaciones y la UJC. Sin embargo, la trascendencia de lo ocurrido en cada comité de base y centro del país será inigualable, por sus aportes tangibles de ideas, experiencias, anhelos y propuestas.
El acierto de iniciar el Congreso con asambleas abiertas, en las cuales dialogaron unidos los militantes y el resto de los jóvenes permitió pulsar la imagen y el sentimiento que proyecta la organización, sus fortalezas y debilidades hacia lo externo. Hubo por igual útiles críticas, sugerencias, reconocimientos y votos de confianza en nuestra juventud.
Fundidos unos jóvenes y otros, discutieron medulares temas de la salud, la educación, la producción y los servicios, la gestión del Poder Popular, el pluriempleo, la retribución salarial, la emigración, los medios de comunicación masiva, las organizaciones estudiantiles y otros muchos. Sobre la UJC en concreto, valoraron la falta de creatividad y protagonismo, la vida rutinaria del “acta y la cotización”, y cierta incomprensión de su actual rol en la sociedad.
Después llegó el examen interno que tanta falta hacía, para imaginarnos el rumbo que urge tomar la UJC en su afán de fortalecer nuestro socialismo, enriquecer la Revolución y tributar con mayor efectividad a la construcción de un país más próspero y justo.
Reunirse solo lo necesario, para esclarecer posiciones políticas, potenciar con el análisis la actividad fundamental del centro laboral, y coordinar las acciones a cumplir de acuerdo con el asunto detectado, no parece un modelo agotado, sino usualmente desechado o mal desarrollado. Si la meta es hallar la utilidad de la organización, los militantes tienen que “fajarles a los problemas”, proponer soluciones terrenales, levantarse por sobre incomprensiones y asumir las tareas más difíciles, para predicar siempre desde el ejemplo.
Se trata de una máxima que, como otras, no ha pasado de moda: crecer únicamente con jóvenes revolucionarios, prescindir de quienes no sean ejemplares y socaven las filas; promover a responsabilidades a los más capaces y esforzados; pensar la realidad cubana con las solas reservas del conocimiento y la prudencia; defender el diálogo de iguales, sin absurdos verticalismos; convocar a cualquier tarea desde el convencimiento que garantiza la entrega consciente y apasionada;  aprovechar los espacios informales y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación; exigir coherencia en la actuación y sistematicidad en el trabajo.
Pero a nuestra organización le urge, además, conectar mejor a los comités de base con las estructuras de dirección a todos los niveles, para que se reconozcan en las mismas prioridades, construyan objetivos y proyectos comunes, afiancen un discurso analítico por sobre el consignista, y logren que de la participación más eficaz brote una parte de la tan reclamada retroalimentación.
Concretar estas y otras ideas responderá seguramente al espíritu del Congreso, y servirá para ejemplificar, en la praxis, el mejor trabajo político-ideológico que debemos realizar en una Cuba cambiante y estremecida por la abierta lucha contra la corrupción, las malas prácticas económicas, los arcaísmos, la agresividad del actual gobierno estadounidense y de sus mercenarios en la Isla. Una Cuba en la que cristaliza una juventud mayoritariamente auténtica y conectada de diversas maneras a sus raíces.
Por eso, al volver sobre la inmortal sentencia de Raúl Roa: “los jóvenes siempre son los mismos, lo que cambia son las circunstancias”; urge saber que para conquistar a las generaciones de hoy y mañana, la UJC tiene que ascender a la nueva época y triunfar en el campo de la cultura y las ideas.

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